viernes, 11 de junio de 2010

a/parte

Te descalzas. Abres el grifo y dejas que el agua haga lo que mejor sabe hacer. La ropa te abandona o quizás seas tú quien la de por perdida al dejar que se suicide contra las baldosas.

Ahora solo te tienes a ti. Eres piel, agua, esponja, vaho, vacío...

Ya estás fuera del alcance de las groserías de tu jefe, del mal humor de los civilizados, de la violencia de la vida... El mundo de los otros, ese en el que te ves obligada a vivir por fin se ha quedado fuera.

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